Estoy recorriendo caminos que ya recorrí hace años.
Esta vez voy diferente, soy diferente.
La gente que me acompaña es diferente.
Quién hubiese dicho que hoy volvería a mi lugar favorito, con mi gente favorita.
Las vueltas de la vida me desgastaron casi diez veces más que la última vez que mis pies se encontraron con un suelo tan reconfortante.
Los recuerdos viejos de ayer, desplazados por vivencias y nuevos recuerdos de un adiós un poco más particular.
Las cosas que antes vi sin importancia, hoy cobran otros sentidos. Todo lo que alguna vez fue, para mi, olvidado y desterrado de mis sentidos, hoy se aferran a ellos con una fuerza tan fuerte como irrompible.
Escuchando nuevas melodías que adornan el paisaje mendozino, espero a la llegada del final de este viaje, de esta aventura, de esta historia. Las ansias de llegar se encuentran con la angustia de terminar y las sensaciones se confunden para darle lugar a la nostalgia que siento ahora en la boca del estómago.
El agua de la lluvia cae suavemente en mi ventana y me recuerda que hay cosas que siempre nos acompañan, como la lluvia y la nostalgia, la alegría y el sol. Las compañías que nos reconfortan, nos hacen sentir siempre un poquito más llenos.
Y hoy, hoy yo no me puedo quejar.
De hecho ni siquiera quiero.
Por que con lluvia, sol, o nieve, hoy no me acompaña un clima, sino 40 personas radiantes y llenas de sensaciones y sentidos por sentir.
40 personas, que, capaz, sin saberlo, esperan lo mismo que yo...
El final de un viaje,
o el principio de otra aventura.
28.9.12
Lluvia mendozina
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