30.6.14

Estrellas.

Vivía en un mundo lleno de estrellas.
Me cuidaban, me sonreían y jugaban conmigo. Ellas estaban ahí y yo me dejaba llevar como el viento por la noche. Eran mi escondite. Porque nadie sabía del pacto entre ellas y yo.
Cuando caía la noche y me sentía sola, miraba arriba y estaban ahí, brillantes, expectantes, como un recordatorio de que las cosas nunca eran tan malas como parecían.
Un día el cielo se nubló, hubo una tormenta como nunca hubo. El agua se llevó todo. Arrasó con los árboles, se llevó casas, y hasta gente. Fue una de las lluvias más fuertes y largas que puedo recordar. No cayó hielo del cielo, pero sí fue intensa. Mis estrellas se apagaron por un largo rato.
Noches enteras de relámpagos y estruendos. De agua interminable y un viento violento.
Esperé y esperé hasta que se despeje el cielo. Pero nada pasó.
Después de muchos campos dañados y cosechas perdidas, la lluvia paró. El cielo estuvo quieto de nuevo. Las nubes se fueron. Me acuerdo de correr a mi ventana cuando el sol se fue, corrí como nunca, con una felicidad que nunca había sentido. Era como un nene despertando en navidad. Por fin había llegado el día. Cuando llegué a mi ventana, busqué a mis estrellas. Pero ellas no estaban. Pensé que tal vez, faltaba un poco para que saliera la primera, pero nunca sucedió. Esperé y esperé, pero nunca llegaron. Las estrellas se habían apagado, y era definitivo, después de un largo tiempo, me alejé de mi ventana.
No sé que pasó esa noche, o que pasó durante la tormenta, sólo sé que hubo una parte de mí que no era la misma desde aquel entonces. Sentí como si un cable a tierra se hubiese roto y no supiese como repararlo. Capaz después de todo era eso. Yo estaba en la tierra, en el piso, mientras que las estrellas estaban arriba, en el cielo, nadando en la inmensidad infinita del espacio. Tal vez, al fin de cuentas, sólo eramos demasiado diferentes como para entendernos tanto.
Cuando las estrellas se apagaron, yo también dejé de brillar. Hasta que un día, sin aviso previo, volví a hacerlo.

19.2.13

I dreamed a dream

Finalmente había llegado a la casa de mi papá tras un viaje de dos horas, tratando de lidiar con el dolor de cabeza y el hambre. Había pasado la noche en la casa de una amiga, lo cual casi siempre significa que una noche de ocho horas de sueño garantizado es lo último garantizado, y esa no había sido una excepción.
Subí en el ascensor del edificio del barrio de constitución. En la puerta me esperaba la pareja de mi papá con la puerta abierta, ella se fue, me acomodé y dejé mis cosas en mi habitación. Almorzamos un plato de fideos que mi papá nos cocinó y después de un rato el sueño pudo más que yo. Las dos horas de sueño que había dormido no alcanzaban para mantenerme de pie el resto del día, así que me recosté en mi cama y cuando me quise dar cuenta, ya estaba dormida.
De repente estaba terminando mi turno en un trabajo que aunque no me conformaba, lograba mantenerme. Tenía una jefe que no le caía mal, ni le caía bien. Creo que simplemente no sabía que existía. Trabajaba en algún tipo de restaurant aunque no pude terminar de entender cuál era mi puesto. Cuando por fin sonó la alarma me saqué mi delantal y me fui del lugar. No sé en que ciudad estaba pero no la conocía, aunque mi alterego de mi sueño sabía perfectamente a dónde iba.
Llegué a una casa antigua de construcción tipo española y abrí la puerta con una larga llave. Subí unas escaleras y estaba, por fin, en lo que presumo, era mi casa. Una casa pequeña, pero de techos altos. Cocina, living, dormitorio y baño. No mucho más de lo que puedo necesitar. Cuando me di cuenta había un sonido al que no le había prestado atención. No estaba sola, era el ruido de la ducha. Me intrigó, pero en mi sueño no le di mayor importancia y me dirigí a la cocina. Abrí una botella de vino y me dispuse a cocinar. Yo estaba completamente absorta en mi sueño. Era perfecto. La casa, la comida, el vino. De repente comenzó a sonar una música, como de ambiente. De un momento a otro el ruido de la ducha se detuvo, y la música pasó a segundo plano. Yo me asomé por la puerta de la cocina para espiar a la persona con la que aparentemente compartía mi espacio. De la puerta del baño salió una persona alta, morena, de pelo oscuro... y en toalla. Yo lo conocía, sabía quien era, por supuesto que sabía quién era. Me acerqué a él muy lentamente y seguramente con cara de sorpresa por que cuando llegué a pararme frente a él, me observo extrañado y se río. Me saludó tan casualmente que me dolió, pero sonreí de todos modos, por que no parecía real. Y en el fondo sabía que no lo era. Se dirigió a la cocina, observó la comida cocinarse, me miró sonriendo y me dio un beso. Seguramente hasta dormida me estremecí un poco. Me quedé con los ojos cerrados por un momento, aunque podía ver lo que pasaba desde afuera, extrañamente, eso es posible en los sueños. Él todavía me miraba y me acariciaba, y yo me sentía feliz. El tacto de su mano sobre mi rostro hacían del mundo un lugar perfecto. Lo escuché susurrar mi nombre, así que abrí los ojos para encontrarme con los suyos una vez más, pero su expresión ya no tenía una sonrisa. Me miraba con un dejo de nostalgia, y me llamaba esperando algún tipo de reacción, comenzó a sarandearme lentamente y su voz comenzó a transformarse, luego el fondo de mi departamento detrás de él comenzó a borronearse hasta transformarse en un fondo negro, y finalmente su cara se desvaneció con él.
Abrí los ojos. Habían pasado horas y mi padre me despertó para llevarme a la casa de mi mamá. Me levanté de la cama extrañada, cerré los ojos fuerte con la leve esperanza de volver a mi sueño, pero no ocurrió. Así que me quedé con los ojos cerrados, reviviendo mi sueño. Para asegurarme de que esa sensación, nunca, nunca, se fuera de mi cabeza.


carta de presentación

Buenos Aires, Argentina
We're the wild type.